De nuevo se desplomó agotado.
Su viejo y duro cuerpo parecía pesar mil veces más de lo habitual…
Se derrumbó.
Por su mente cruzó la imagen de siempre: el y sus hermanos, aún niños, jugando en la rivera del río, en aquel fresco paisaje montañés, bajo los frondosos árboles guardianes de su hogar.
“NO”, Musitó.
Se irguió despacio, como midiendo el dolor de cada fibra de su cuerpo, contabilizando el crujir de sus huesos, de sus músculos.
Y presentó pelea de nuevo.
Fabianus, gladiador del circo romano, levantó su tridente una vez más.
No lo hacía por la muchedumbre que de emoción se estrujaba en el graderío del coliseo, no lo hacia por el emperador, que desde el palco lo miraba, lo hacía por él mismo, porque alguna vez se proclamo campeón, por que toda su vida había sido lo mismo: caer y levantarse, sangrar y hacer sangrar, Olvidar el lugar donde estaba y concentrarse en la pelea, que a fin de cuentas era su propia vida la que estaba en juego.
Respiró polvo y sudor, y se lanzó al ataque de nuevo.
El contendiente era hábil, y mucho más joven. Seguro también forjado en el dolor y la miseria, y en su espada varias vidas, varias muertes: puras victorias, puerta tras puerta que se abrían como oportunidad para vivir un dia más.
Fabianus atacó; el contendiente dudó un segundo en elegir su defensa y con eso bastó. El tridente lo atravesó de lleno, le desgarró el cuerpo y por un segundo se pudo ver en sus ojos el espanto…
Fabianus alzó los brazos en señal de victoria. Eso esperaba la multitud, de eso se trataba el circo, había que satisfacer a la bestia hambrienta de sangre, al pueblo.
Esa noche, en el camastro hecho de paja, nuestro gladiador sollozó.
No pasaría mucho tiempo antes que así como el, otro le desgarrara el cuerpo, le arrebatara la vida y con eso el descanso por fin llegaría…
Y la ansiada reunión con sus hermanos se realizaría; Se abrazarían.
Como cuando niños, en la rivera del río, en aquel fresco paisaje montañés, bajo los frondosos árboles guardianes del que fue su hogar.
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Una compañera de oficina me hizo una observación dolorosamente cierta el otro dia:
En uno de mis muchos ratos de ocio (que yo mismo genero porque soy organizado en mi trabajo, pero eso no lo comprenden jajajaaja
) estaba leyendo un artículo en internet sobre el imperio romano, y mi compañera me dijo desde su lugar:
"como que tu estas obsesionado con lecturas que no tienen nada que ver con tu trabajo, no crees?"
.......

Imagina lo que sentí, porque además la escucharon varios compañeros...
Así que decidí emplearme a fondo:
"Creo que hay muchas lecturas interesantes que la mayoria de la gente no se permite explorar por falta de tiempo, o en sí, por ignorancia de su existencia"


Ahora no nos hablamos como antes, jajajajaja, pero ni modo.
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